martes, 16 de marzo de 2010

Mentiras interesadas


Ya que continuo adaptandome a mis nuevas rutinas diarias,ambientes enrrarecidos y personajes insólitos,buceo entre páginas interesantes,artículos que van muy acorde con estos tiempos que corren.Me gustaría compartir alguno de ellos con vosotros y así ganar tiempo para que vuelva la motivación, las energías(dos semanas sin dar a los pedales!)y poco a poco dar gas a mis actividades cotidianas...


Todas las culturas están repletas de pequeños gestos cotidianos en los que nadie repara: por ejemplo, el olor de lo que se cuece en los fogones, los horarios que rigen nuestras vidas o la edad media a la que nos casamos; el orden legal de los apellidos o que a algunos bebés, en función de su sexo, les pongan pendientes al nacer. Estas costumbres, tan familiares que parecen anodinas, son las que dan forma visible, enraízan y perpetúan cada cultura. Allí arrancan nuestras prioridades y cómo tratamos a los demás.


“Si vamos a sacralizar algún aspecto de nuestro comportamiento colectivo, propongo que sea la empatía, algo digno de mostrarse en las plazas cuando éstas queden vacías.”
Estos gestos y estos sentimientos están avalados por el entorno. Los defendemos con pasión porque nos definen y nos hacen similares a otras personas, que a su vez nos conceden su protección y su aprobación. Eso nos ayuda a sobrevivir en un mundo confuso y amenazante. Por ello no solemos cuestionarnos las costumbres de la cultura ambiente, aunque barruntemos a veces que sus usos resultan extraños o injustos; tendemos más bien a justificarlos. De hecho, los psicólogos sociales llevan décadas avisándonos de que nuestro cerebro lo pone todo al servicio de nuestras mentiras interesadas: el inconsciente en el que se agazapan los gestos y las emociones de cada día, la memoria que todo lo reescribe, los latiguillos mentales que disimulan la realidad para que encaje en nuestros guiones.
Sin duda uno de los elementos que distinguen a las culturas más creativas es la capacidad de ir limando y limpiando la podredumbre que se acumula entre sus pliegos; de reescribirse, de reinventarse, de soltar lastres. Las culturas más dinámicas tienen al menos cierta capacidad para radiografiar la parte más negativa de la realidad y cambiar, aunque duela –y a veces duele tanto que provoca enfrentamientos intensos, como los generados en torno a la polémica de los toros– las estructuras sociales, políticas y mentales que amparan la injusticia y la incoherencia.
Los gestos no son anodinos, ni para quienes los padecen, ni para quienes los asestan: cada gesto es una escuela de pensamiento y de sentimiento. Hay que mirarlos de frente, sin invocar usos culturales posiblemente trasnochados y dañinos para justificarlos. Si queremos un mundo regido por la paz, la justicia y la compasión, necesitamos miles de gestos, explícitos y conscientes, que reflejen y alimenten el talento humano innato para la empatía, es decir, para sentir por el otro, para compadecerle y ayudarle. Si vamos a sacralizar algún aspecto de nuestro comportamiento colectivo, a declarar alguna cosa Bien de Interés Cultural, propongo pues que sea la empatía, algo digno de mostrarse en las plazas cuando éstas queden vacías. Porque de la misma forma que los humanos podemos aprender a matar o a odiar, podemos aprender a amar. Estamos profundamente dotados para ello. Basta con cambiar algunos de los gestos que nos acompañan a diario.
Cultura es sólo el conjunto de nuestros actos y costumbres. Por sí misma, esta palabra no revela si lo que encierra es bueno o es denigrante y abusivo. Cuando ensalzamos y blindamos el concepto de cultura sin reparar en lo que encierra, todos somos cómplices: los unos, cuando pasamos por alto los derechos humanos básicos y el respeto a la vida en nombre de culturas y tradiciones que son meras tapaderas para crear sociedades de víctimas y verdugos. Los otros, porque ya sólo tienen que llegar y asestar el golpe mientras todos miran hacia otro lado, presas de tabúes engañosos, cómplices y viciados.

Elsa Punset..(foto de Oscar Gamerohttp://www.flickr.com/photos/ogdblack)

1 comentario:

Noe dijo...

Cuanta razon tiene. Es incomprensible desde la lógica de la humanidad, querer decir que una acto tan violento es de interes cultural.
A ver si algun dia, la sociedad empieza a despertar de su "folclorica festividad".